Las Bodegas Binifadet son todo un tesoro por descubrir para aquellos que visitan la isla de Menorca. No hay que perdérselo

Antes de adentrarnos en la vorágine de las Navidades siempre me gusta hacer balance del año que finaliza: un balance de todo lo vivido, de todo lo aprendido y de aquello que me sirvió de inspiración en mis proyectos de interiorismo. Por eso, por lejano que parezca ahora que los escaparates y las luces en la calle se decoran con toques navideños, me acuerdo de las vacaciones de verano, de esos viajes que nos enseñan un pedacito más del mundo y una forma distinta de verlo y vivirlo. Una de las experiencias que me llevo en mi mochila de ‘interiorista de vacaciones’ es la visita a las Bodegas Binifadet: un tesoro por descubrir para aquellos que visitan la isla de Menorca.

En estas bodegas se elabora un vino muy mediterráneo en un entorno que está en perfecto equilibrio con el paisaje isleño que lo envuelve. Yo os recomiendo la visita no sólo por lo interesante de la experiencia y por los vinos Binifadet –un deleite para el paladar- sino porque esta bodega es todo un disfrute para los sentidos que quedan suspendidos en el tiempo: sabores exquisitos, olores seductores, sensaciones diferentes… un ambiente casi mágico que en el que se ha cuidado con esmero cada detalle de la decoración.

Detalle de las bodegas Binifadet

En un entorno abierto, enclavado armónicamente en plena naturaleza, podéis encontrar estas bodegas: un espacio precioso y con una sencilla decoración muy bien resuelta aderezada con detalles ornamentales singulares que no me dejaron indiferente.

+ La terraza exterior de las bodegas

Además de la visita guiada a las bodegas también podéis disfrutar de su restaurante en el que os sorprenderán con exquisitos sabores y un vino muy especial que despertará vuestro paladar. Todo ello adornado con unas parras envolventes que aportan ese toque natural y rústico que tanto se agradece en un espacio en consonancia con la naturaleza: el inclemente sol del verano de Menorca se tamiza a través de las refrescantes hojas de parra que protegen a los eventuales catadores de vinos.

Terraza bajo las hojas de parra

Su terraza exterior cuenta con unas añejas barricas que sirven para decorar la entrada a este singular espacio. Pequeños detalles decorativos que ya indican –sin lugar a duda- el tipo de espacio en el que nos encontramos.

+ El restaurante de la bodega

Para el interiorismo de los espacios internos del restaurante se utilizan objetos y herramientas propias de la zona y del trabajo de vendimiador. Los cestos o los sombreros de mimbre quedan suspendidos en el aire para componer unas sencillas y graciosas lámparas. Un detalle muy personal, sencillo y eficaz que permite decorar este espacio y darle un estilo muy característico.

Lámparas suspendidas hechas con cestos y sombreros

 

Las sillas –escogidas entre un amplio abanico de diferentes diseños– combinan a la perfección creando ese ambiente de reunión improvisada y desenfadada en torno a la mesa y a un buen vino.

Todo tiene un toque auténtico y artesanal: bancos de madera con asientos trenzados de enea sin barnices ni tratamientos químicos, elementos auxiliares originales de la zona… todos y cada uno de ellos son piezas con un diseño que compone una estampa entrañable.

Detalles de la bodega

Para acoger a todos los visitantes que acuden a degustar los vinos Binifadet se han instalado grandes mesas de madera que bien recuerdan las amplias mesas familiares que –en breve- se abarrotaran de comida y turrones.

Detalle del restaurante

El pavimento es de cemento: un material muy útil y fácil de mantener en este tipo de espacios y que, además, resulta muy fresco en verano. El suelo está, además, cubierto de artesanales alfombras de sisal y yute -a juego con las lámparas- que aportan un toque acogedor a un ambiente que no tiene ni una sola nota discordante.

Todo el comedor es una invitación al placer de la degustación y de dejar pasar el tiempo: la pared mural con fotografías de la zona es un pequeño álbum familiar que muestra la evolución de esta bodega. Todo está decorado con plantas y colores naturales para un espacio enraizado en la tierra que le da los frutos de los que viven.

Mesa y pared con fotos en el restaurante

Las Bodegas Binifadet hacen que una se sienta como en casa y bien merecen una visita: el espacio –decorado con mimo– y sus vinos -elaborados con mucho cariño- seguro que serán una experiencia que guardaréis en vuestra memoria para siempre.

Laura Yerpes | Estudio de Decoración & interiorismo